Como hemos explicado en la introducción, la manipulación del perro debe empezar a realizarse cuando es aún un cachorro, en su etapa de socialización, para que se acostumbre correctamente al contacto social y a recibir caricias por parte de su familia humana. De no ser así, en su etapa adulta el perro puede interpretar la manipulación como una invasión de su espacio personal, y reaccionando de dos formas: huyendo o agrediendo.

Otros factores que pueden provocar esta situación son el destete prematuro del cachorro, el padecimiento de una enfermedad dolorosa (que puede haberse curado o no) e incluso debido al aprendizaje. Si no hemos manipulado correctamente a un perro (haciéndole daño, por ejemplo) o de una forma que él ha considerado desagradable, puede empezar a rechazar el contacto social, algo que refuerza por sí mismo cuando huye o intenta agredirnos.

La causa más común de este problema es haber sufrido una experiencia traumática, ya sea con el veterinario, los niños e incluso con los propios miembros de la familia, los cuales lo han hecho sin darse cuenta.

 

El perro no se deja tocar partes del cuerpo

Puede ocurrir también que un perro intente evitar que le toquemos ciertas partes del cuerpo, como pueden ser las patas, la cabeza, las orejas o la cola. En estos casos debemos cerciorarnos de que nuestro perro no sufre un problema de salud que esté ocasionando el rechazo.

Acudir al veterinario antes de empezar un tratamiento será fundamental para asegurarnos que su cambio de comportamiento no se debe a una posible enfermedad. La displasia de cadera, los ácaros en las orejas del perro o la amputación de la cola (una practica que nunca debe realizarse) son las causas más habituales que pueden provocar dolor.

Recordemos también que si la enfermedad ha sido una experiencia traumática para el perro, este puede seguir reaccionando negativamente aún cuando deja de padecer dolor, simplemente por el recuerdo. Especialmente si es agresivo, te recomendamos habituar a tu perro al bozal para poder acudir al centro veterinario. Este ejercicio debemos trabajarlo algunas semanas antes de acudir, para que no lo perciba de forma negativa.

 

¿Qué hacer cuando un perro no se deja tocar?

Empezaremos identificando las señales de calma del perro, es decir, interpretando el lenguaje corporal de nuestro mejor amigo. De forma general, evitaremos el contacto con él cuando gire la cabeza, nos de la espalda o se relama de forma nerviosa, tampoco le acariciaremos si parece paralizado, adquiere posturas de miedo (orejas atrás, cola entre las piernas y actitud defensiva). Debemos entender que él nos habla durante todo el tiempo, por lo que tenemos que aprender a interpretarle y a respetarle. Debemos evitar también abalanzarnos sobre el perro (inclinándonos sobre él), acorrarlarle o bien mirarle de forma fija y desafiante.

Por el contrario, debemos intentar que nuestro perro se acerque a nosotros, siempre sin obligarlo, mediante premios, juguetes y usando una voz aguda y muy dulce. Entonces premiaremos el acercamiento con golosinas sabrosas (por ejemplo con pedacitos de frankfurt sin sal) o con aquello que más le guste. La idea de este proceso es intentar que, poco a poco, él se abra a nosotros y busque por sí mismo el contacto físico.

Este es un proceso que puede llevar algunas semanas, incluso meses, pero existirán casos concretos en los que un perro tardará muchísimo más tiempo en mostrar algún tipo de acercamiento. Debemos ser pacientes y seguir reforzando y facilitando cada paso que nuestro perro dé hacia nosotros. No olvides que si después le castigas por cualquier motivo y de forma inadecuada, especialmente estando cerca, tu perro puede volver a coger miedo y no servirá de nada el proceso que has hecho hasta ahora. Debes intentar crear un vínculo fuerte con tu perro que no se rompa, bajo ninguna circunstancia.

Una vez tu perro empiece a acercarse o a dejarse tocar algunas partes del cuerpo no te sobresaltes y seas invasivo, debes intentar realizar un proceso progresivo y que el perro pueda “esperar”, por ejemplo, puedes empezar tocándole las mejillas o el cuerpo e ir avanzando hasta el final del cuerpo, siempre poco a poco.

Durante todo este proceso nos aseguraremos que nuestro perro no sufra ninguna experiencia que pueda echar por tierra el proceso, como por ejemplo que un niño le tire de la cola o que un desconocido intente acariciarle donde no debe. Debemos ser más rápidos y evitar rápidamente estas situaciones con un “no te acerques por favor, mi perro muerde“, aunque no sea cierto.

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: ExpertoAnimal.com